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jueves, 29 de marzo de 2012

La vida del cerebro


Prólogo
                          


Este ensayo cumpliría su objetivo si al leerlo pudiera ser comprendido por aquellos que no habiendo encontrado una respuesta certera para explicar la conducta humana, aún siguen buscándola, por aquellos que dudan de las explicaciones que hasta ahora han aparecido. Pues con lo aquí expresado no pretendo rectificar ninguna postura, ni cambiar la opinión de los académicos o de los ya formados en estrictas disciplinas. Este ensayo introduce un nuevo paradigma, una estructura básica para comprender la conducta y para estudiarla con más profundidad, esta es pues, una revolución teórica para todas las ciencias del comportamiento humano. Mi labor no abarca la demostración, que debe ser experimental, esta explicación simplemente se muestra, por evidencia, y espero, que ya vendrán otros y la demostrarán. Llegar a ver que la conducta de nuestros semejantes puede explicarse, comprenderse y predecirse mediante la física es algo maravilloso que despeja nuestra mente y nos relaja enormemente, esto, nos libera de la incertidumbre.








Primera parte


“Indudablemente, somos parte de la naturaleza, que ha producido nuestros deseos, nuestras esperanzas y nuestros miedos, de acuerdo, con leyes que los físicos comienzan a descubrir. En este sentido, somos parte de la naturaleza, somos el resultado de las leyes naturales y también sus víctimas a la larga.”

Bertrand Russell, “Por qué no soy cristiano”



Esta primera parte trata de explicar cómo hemos llegado a plantear la hipótesis del cerebro como estructura disipativa de entropía informacional. Es pues esencial comprender estos primeros capítulos para entender la hipótesis que se plantea más adelante acerca de la vida del cerebro.


¿Qué es la vida?


En su ya famoso “What is life?” Schrödinger mostró la que hasta ahora ha sido la definición más certera de la vida. Él intentó describir la vida como un fenómeno físico, como un sistema comprensible a partir de las leyes físicas.
Schrödinger anticipó la idea de considerar a los seres vivos como estructuras disipativas de entropía, es decir, como sistemas termodinámicos que consumen <<energía útil>> y liberan calor. Los seres vivos somos materia que no se encuentra en equilibrio térmico con el entorno, materia energizada, organizada, es decir, materia ordenada. Cuando comparamos la complejidad de cualquier ser vivo, por pequeño e insignificante que sea, con una piedra, una máquina u otro cuerpo inerte, nos damos cuenta de que cualquier forma de vida es muchísimo más compleja que algo inerte. Los cuerpos vivos son sistemas termodinámicos que no están en equilibrio, o prácticamente en equilibrio, sino que están muy ordenados, es decir, que están muy lejos del estado de su máxima entropía.
“A diferencia de la máquina de vapor de Watt, por ejemplo, el cuerpo concentra orden. Se autorrepara continuamente. El epitelio intestinal se renueva cada cinco días. El hígado cada dos meses. La piel cada seis semanas. Cada año se reemplaza el 98% de los átomos de nuestro cuerpo. Este incesante reemplazamiento químico, el metabolismo, es un signo inequívoco de vida. Esta <<máquina>> exige una entrada continua de energía y productos químicos (alimento).”1

Tal y como dice F. J. Dyson, las teorías de Eigen y Orgel (1981) no son teorías acerca del origen de la vida, sino más bien acerca del origen de la replicación.2 El metabolismo es el signo inequívoco de vida, todo lo vivo metaboliza. Uno puede escoger no reproducirse y no por ello dejará de estar vivo. Pero no podemos escoger dejar de metabolizar, no podemos decir a nuestras células, ¡dejad de replicaros! No funciona, nuestro cuerpo constantemente se regenera, se autorrepara, metaboliza.
“Enfrentada a la disolución y a la destrucción, la vida sufre una permanente amenaza de muerte. La vida no es sólo materia, es materia energizada, organizada, materia con una gloriosa y peculiar historia. […] Desde una perspectiva termodinámica y autopoyética, el más bajo acto reproductivo y la más elegante apreciación estética derivan de una misma fuente y en última instancia sirven al mismo propósito: preservar la materia viviente frente a la adversidad y la tendencia universal hacia el desorden.”3

A partir de la interpretación de Boltzmann sabemos que la entropía termodinámica expresa la probabilidad de aparición de un suceso determinado, y nosotros los seres vivos somos cuerpos con muy poca entropía, improbabilísimos dentro del universo, seres que fácilmente se desordenan y desaparecen. “Un organismo vivo produce entropía positiva y por esto tiende a aproximarse al peligroso estado de la máxima entropía: la muerte.”4 A medida que nuestro sistema se desordena, la vida decrece y se acerca fatalmente al estado de máxima entropía.
Un organismo “solo puede mantenerse alejado, es decir, vivo, extrayendo continuamente entropía negativa de su medio.”5 Para conseguir evitar la muerte, el equilibrio térmico, los seres vivos actúan constantemente, reaccionan al entorno; acumulan orden y se deshacen de la entropía, metabolizan. Pues en realidad, “las plantas consumen orden” y no energía, y “los animales consumen orden”6 y no alimentos.
“De acuerdo con la segunda ley, el mantenimiento autopoyético preserva o incrementa el orden interno a base de desordenar el mundo exterior excretando desechos y disipando calor. Todo ser vivo tiene que metabolizar, y por lo tanto, crear desorden local: calor inútil, ruido e incertidumbre.”7 Cuando metabolizamos, estamos manteniendo nuestro estado de extraordinario orden lejos del equilibro termodinámico. Comemos y bebemos para absorber el orden, la entropía negativa, o energía útil; y sudamos, orinamos y defecamos para deshacernos de la entropía, los deshechos, el desorden. En palabras de Schrödinger;
“La vida parece ser el comportamiento ordenado y reglamentado de la materia, que no está asentado exclusivamente en su tendencia a pasar del orden al desorden, sino basado en parte en un orden existente que es mantenido.”8

Podría parecer que los seres vivos contradicen, o no cumplen con el segundo principio de la termodinámica, según el que todo sistema aislado tiende al equilibrio termodinámico. Pero en cualquier sistema aislado la entropía siempre aumenta, “lo que implica que aumentan el calor, el ruido, la incertidumbre y demás formas de energía no útiles. A medida que los sistemas locales pierden calor, el conjunto del universo lo gana. […] la segunda ley se cumple siempre que se considera el sistema (la vida) más su entorno.”9 La acción de los seres vivos en su entorno, o la acción de la vida en el universo, genera un mayor incremento de la entropía.
“Para el premio Nobel belga Ilya Prigogine, la vida pertenece a una clase más amplia de <<estructuras disipativas>>, que incluye también centros de actividad no vivos, tales como remolinos, tornados y llamas. Una estructura disipativa […] se mantiene a sí misma (o incluso crece) importando formas <<útiles>> de energía y exportando, o disipando, formas menos útiles –fundamentalmente calor–. […] Cuanta más vida haya en el universo más deprisa se degradarán las diversas formas de energía en calor.”10

Pero entonces, ¿qué significa la entropía para los seres vivos? El desorden termodinámico, la entropía, es la magnitud física de la que huyen los seres vivos, es aquella que les permite esquivar el peligro y encontrar el orden. Es la entropía aquella magnitud física que los seres vivos identificamos con el peligro, por ser aquella que nos lleva al equilibrio termodinámico, la muerte. “La vida tiene que mantenerse contra la tendencia universal del calor a disiparse con el tiempo. Este enfoque termodinámico explica, en cierto modo, la determinación, la intencionalidad de la vida, pues durante miles de millones de años ha seguido la estrategia, irrenunciable, de jugársela a medida que avanza.”11




Información, sensación y percepción



Cada cual nace donde y cuando le toca, sin poder replicar nada a nadie, y empieza así su aventura en esta vida. Cada individuo nace dentro de un espacio y tiempos determinados, vive en un entorno y absorbe de este la información que puede. Así es lógico entender que cada uno tiene una memoria distinta, vive una experiencia diferente, y por lo tanto, almacena distinta información.
Puesto que tenemos experiencias distintas, distinta información, cada uno de nosotros percibe una incertidumbre diferente ante un mismo estímulo, pues esta incertidumbre depende de la información que poseemos del estímulo. Cuanta más información tenemos de un suceso, menos incertidumbre percibimos, y al revés, a menos información que tenemos de un estímulo más incertidumbre percibimos de él.
Cuando vemos que un suceso tiene varias respuestas posibles, todas ellas equiprobables, percibimos la máxima entropía. Es decir, si vemos que un evento puede llevar a otros tres, todos ellos con probabilidad igual, percibimos la máxima entropía ante ese evento, porque lo desconocemos por completo y no podemos hacer predicción alguna sobre su final. La incertidumbre y la información están íntimamente relacionadas tal y como lo mostró Claude Elwood Shannon en su ya famosa “Teoría Matemática de la Comunicación” (1948).

Otro físico, este dedicado al campo de la neurología teórica, ha elaborado “recientemente” una muy interesante teoría de la percepción que ha sido capaz de unir bajo una fórmula a todas las anteriores leyes de la percepción. En 1993 Kennet H. Norwich publicó su desconocido libro “Information, sensation, and perception” donde explica que nuestras células sensoriales, aquellas que envían las señales electroquímicas que acaban excitando a nuestros músculos o ganglios, perciben la incertidumbre (entropía) de cada estímulo, esto es, el peligro de cada estímulo.
Las antiguas fórmulas de Weber-Fechner o de Stevens consideraban la sensación como un producto de la función (I) de la intensidad del estímulo. Norwich consigue demostrar que ambas formulaciones son correctas en distintas situaciones, bajo condiciones diferentes. Pues Norwich ha descubierto que todas las señales, que las células sensoriales envían a sus receptores más cercanos, se dirigen hacia ellos con una velocidad (F) proporcional a la función de incertidumbre (H) que Norwich sustituye por la antigua fórmula de Stevens o de Weber-Fechner. “El cerebro y las neuronas responden <<en proporción a>> la entropía de los estímulos.”12
Según explica Norwich, la percepción sensorial consiste en un “escoger entre” alternativas; cuando vemos una casa roja, no vemos una casa azul, una casa verde o una casa blanca. Al mirar el reloj y ver las agujas marcando las doce en punto, vemos que no son las diez, que no son las nueve, ni las ocho, ni las siete. Cuando vemos, ya estamos distinguiendo, ya estamos reduciendo la incertidumbre, escogiendo entre alternativas, eliminando opciones, recibiendo información. Primero establecemos una incertidumbre (de qué color es la casa?) y después buscamos la respuesta con nuestros actos (blanca). En este sentido, se aplican los conocimientos de la teoría de la información de Shannon dónde la información es definida como la reducción de incertidumbre.
“<<Ver>> significa conjeturar algo <<ahí fuera>>, lo que Ames llama la <<experiencia del eso – ahí>>. Todo pensar es distinguir, clasificar. Todo percibir se refiere a expectativas, y por consiguiente a comparaciones. Cuando decimos que desde el aire las casas nos parecen de juguete, y las personas hormigas, queremos decir, supongo, que nos sobresalta la desacostumbrada visión de una casa que se parece al juguete con que el niño juega en el suelo de su cartón.”13

“F = kH implica que nosotros sólo percibimos aquellos aspectos del mundo exterior que no conforman con nuestras expectativas, y, por lo tanto, que nos son inciertos.”14 Así que cuando un estímulo es totalmente conocido, no tiene incertidumbre, nuestras células sensoriales no lo perciben y no envían ninguna señal al sistema nervioso. Cuando, por ejemplo, llevamos un tiempo cociendo verduras o entramos en una habitación recién pintada, percibimos primero un fuerte olor que se irá disipando con el tiempo, hasta que finalmente será imperceptible. Vamos conociendo el olor, hasta que llegamos a conocerlo del todo y a no percibirlo.
Pero constantemente estamos percibiendo y actuando, nuestras células sensoriales están trabajando, y cada señal que sale de un sensor es enviada con una intensidad proporcional a la incertidumbre que percibe el sensor. Ahora ya no existe la idea de la intensidad del estímulo como algo exterior, ahora sabemos que la intensidad de un estímulo es proporcional a la incertidumbre que percibimos de este, es decir, a la información que de él tenemos. “Siguiendo el trabajo de Shannon (1948) y Wiener (1948), la información es definida como la reducción de incertidumbre. Supongamos que un evento puede ocurrir en uno de varios caminos; esto es, tiene varias salidas distintas. Si, por ejemplo, lanzamos una moneda, ésta puede salir cara o cruz, [y cuando la moneda está en el aire] sentimos una incertidumbre momentánea sobre el suceso. Después el evento es conocido, la incertidumbre es reducida, o resuelta, y quien percibe el evento recibe una cantidad de información igual a la incertidumbre reducida.”15 Si yo lanzo la moneda sabiendo que en ambos lados hay una cara, no percibiré la misma incertidumbre, y no recibiré la misma cantidad de información cuando caiga la moneda, porqué ya sabía lo que iba a suceder.
Si por ejemplo, sabemos que es de día pero no sabemos qué hora es y nos decidimos a preguntarlo, es que hemos establecido una incertidumbre, con una matriz de alternativas con las horas de día (aproximadamente doce). Cuando nos dicen la hora, cuando nos dan la respuesta, nosotros recibimos una cantidad de información igual a la incertidumbre reducida, y por tanto, si no supiéramos que es de día o de noche, recibiríamos el doble de información al saber la hora, porque reduciríamos el doble de incertidumbre, eliminaríamos el doble de alternativas. De este modo vemos que la incertidumbre que percibimos, y por ende la información que recibimos, viene determinada por nuestra memoria, por la información que previamente almacenamos y que determina los valores de las probabilidades a priori. Al saber que es de día o de noche se valoran nulas (0) las probabilidades de la mitad del día que sabemos que no es. Si no tenemos información al respecto no podemos anular estas opciones, y por tanto, percibimos más incertidumbre y recibimos más información cuando obtenemos la respuesta. “Nuestras respectivas experiencias anteriores han determinado los valores de las probabilidades a priori y, por ende, de la información recibida. La información recibida es, en este sentido, una cantidad no absoluta.”17 Para el sistema nervioso no importa cuál es la intensidad del estímulo, su velocidad, su masa o su energía, lo que interesa es su incertidumbre, su desorden. La entropía es una característica más para cualquier suceso, es una magnitud física. “Hay que tener cuidado de no confundir este tipo de entropía, que es la entropía de la información teórica, con la entropía física o termodinámica, una cantidad usada extensamente en física y química.”16

Kenneth Norwich ha aportado recientemente estas nociones de la relación entre la percepción y la incertidumbre, que nos ayudarán a entender la conducta humana. Ahora sabemos que cada individuo percibe el entorno subjetivamente, encerrado en la información que posee. Esta percepción de la incertidumbre, relativa a la información sensorial que tenemos, determina las señales electroquímicas que corren por nuestro sistema nervioso, y por ende, nuestra conducta. Todos percibimos los mismos estímulos subjetivamente, según sea la información que guardamos de cada estímulo. La percepción del entorno es relativa al sujeto que siente y almacena una determinada información del mundo.



El papel de la evolución


Durante miles de años nuestra especie ha creído en mitos y leyendas; en almas, fantasmas, espíritus, ángeles, demonios y dioses. Hasta el siglo XX no se reconoció a la vida como un proceso natural sujeto a las leyes de la física. Hoy aceptamos que la vida está formada de partículas físicas que, como los cuerpos inertes, son hijas del polvo estelar. “Nosotros hemos trastocado lo aprendido. Nos hemos vuelto más modestos en todo. Al hombre ya no lo derivamos del espíritu, de la divinidad, hemos vuelto a colocarlo entre los animales”18
“El hombre es parte de la naturaleza, no algo en contradicción con ella. Sus pensamientos y movimientos corporales siguen las mismas leyes que describen el movimiento de los astros y los átomos. […]Su cuerpo, como toda materia, está compuesto de electrones y protones, que, por lo que sabemos, obedecen a las mismas leyes a las que obedecen también los que no forman parte de los animales o plantas.”19

Nosotros, los humanos, somos descendientes de animales muy variados, hasta de bacterias diminutas. Todas las especies del planeta estamos emparentadas genéticamente entre nosotras, todos somos parientes. Y nuestra conducta, aunque pueda parecer de otro mundo, no es sino de lo más corriente dentro de la vida terrestre.
Para que nuestros músculos se contraigan, esto es, moverse, debe llegar una señal electroquímica hasta las células musculares. Ésta es la misma señal electroquímica de la que hablamos antes, la que generan las células sensoriales cuando perciben un estímulo. Otro tipo de reacciones al entorno son aquellas causadas por las hormonas que las glándulas segregan en la sangre y alteran la conducta. Pero sea por “A” o por “B”, cualquier acción es generada por la percepción del entorno, es decir, por las señales que los sensores generan y acaban llegando al músculo o al ganglio.
Cuando, por ejemplo, pintamos un cuadro, saltamos una cerca o preguntamos algo a un amigo lo que hacemos es reaccionar a nuestro entorno. En neurología se acepta que nuestra conducta corresponde a un determinado estado de excitación del sistema nervioso, es decir, que la excitación del sistema nervioso determina nuestra conducta. A partir del descubrimiento de Norwich sabemos que “el cerebro y las neuronas responden <<en proporción a>> la entropía de los estímulos.”20
Es momento para comprender aquello que adelantamos en el primer capítulo cuando decíamos que la entropía es peligro para la vida. La entropía, decíamos, es peligro para la vida porqué lleva a la muerte térmica. Pero fíjense que ahora estamos hablando de la entropía de la información, es decir, la incertidumbre. Norwich dice que el cerebro y las neuronas responden en proporción a la incertidumbre de los estímulos, es decir, a la incertidumbre que percibimos de cada estímulo. Esto nos lleva a pensar, lógicamente, que la incertidumbre percibida en el entorno es lo que genera el movimiento corporal de los animales. Ahora podemos dudar acerca de si esta incertidumbre o entropía de la información es positiva o negativa para el organismo.
Podríamos suponer que los animales han evolucionado de tal forma que responden en proporción a aquello que favorece su supervivencia, de tal modo que actúan cuando encuentran algo favorable para ellos. Pero como muchos habrán advertido, esto no es así. Los animales respondemos al entorno en proporción a la entropía de los estímulos, porque respondemos a un peligro y no a algo favorable. La evolución tiene un papel fundamental para comprender estas ideas, pues los animales que sobreviven lo hacen gracias a que reaccionan ante el peligro, gracias a que perciben el peligro y lo evitan. Así que son varios los caminos que nos llevan a Roma; podemos ver, como lo hizo Schrödinger, que la entropía termodinámica es peligrosa para la vida, pues ésta consiste en mantenerse ordenado, en mantenerse sin demasiada entropía. Y por otro lado podemos ver, como lo hizo Norwich, que la entropía informacional altera el sistema nervioso y es por tanto el motor de nuestros movimientos. Una entropía informacional que señala el peligro al organismo, que indica cuándo es el momento de escapar y salvar la vida.  





Segunda parte


En esta segunda parte del texto trataré de explicar la hipótesis que guía todo el ensayo, la hipótesis que considera al sistema nervioso una estructura disipativa de entropía informacional.


La vida del cerebro


¿En qué consiste la vida del cerebro? ¿Qué necesita nuestra mente para seguir con vida? Gracias al trabajo de Norwich hoy sabemos que nuestro sistema nervioso consume información y responde a los estímulos en proporción a la incertidumbre que percibe. Esto implica que nuestro cuerpo reacciona al entorno en función de la incertidumbre que percibe en el entorno.
Si tenemos esto claro, podemos volver al primer capítulo y recordar que Schrödinger descubrió que todos los seres vivos son estructuras disipativas de entropía termodinámica. Es decir, que todo lo vivo es una estructura disipativa de entropía. El cerebro o el sistema nervioso son estructuras vivas, sistemas vivos, que consumen orden y disipan entropía, ¿pero qué orden consume la mente, qué tipo de entropía disipa el cerebro?
Mi hipótesis, en adelante H1, es que el sistema nervioso es una estructura disipativa de entropía informacional (incertidumbre). Así que mientras todo el cuerpo y el sistema metabólico funcionan como una estructura disipativa de entropía termodinámica que consume energía útil y disipa entropía termodinámica, el sistema nervioso es una estructura disipativa de entropía informacional que consume información y disipa incertidumbre. Esto sugiere que la vida del sistema nervioso consiste en consumir información y disipar la incertidumbre que establece.
Por tanto, el comportamiento del ser humano consiste en mantener el orden termodinámico del cuerpo, y a la vez, el orden informacional de la mente. Nuestros sensores establecen las incertidumbres que percibimos, y nuestras acciones tienden a resolverlas. Esta hipótesis explica, por ejemplo, porqué el sistema nervioso reacciona negativamente a las pérdidas de información percibida y positivamente al incremento de información.








Tercera parte

“Ella prometió darme explicaciones y yo me dirigí a cumplir su deseo.”
F. Dostoievsky, “El jugador”

En esta tercera parte se desarrollan todas las aplicaciones de esta hipótesis, es decir, se muestra, de la forma más precisa posible, lo que sucede si H1 es verdad (V). Dicho de otro modo, en esta tercera parte he intentado expresar qué implica la hipótesis del sistema nervioso como estructura disipativa de entropía informacional (H1).



Malestar


[Si H1 es (V) -->] El sistema nervioso tiene que responder negativamente a un incremento de la incertidumbre percibida en el entorno. Esto es, el cerebro responde negativamente al entorno cuando pierde información de él, es decir, cuando crece la incertidumbre que percibe.

Veamos esto con más detenimiento. Si el sistema nervioso es una estructura disipativa de incertidumbre tiene que responder negativamente al entorno cuando crece la incertidumbre que percibe, es decir, cuando pierde información del entorno, cuando pierde orden. Nuestra mente responde negativamente al entorno cuando crece la incertidumbre porque está perdiendo información del entorno, porque se está desordenando. Himplica que nuestra mente trabaja constantemente para mantenerse ordenada, informada, alejada de la incertidumbre, y por tanto, nuestra reacción a un incremento de la incertidumbre en el entorno (o perdida de información) debe ser negativa.    
Vemos, por ejemplo, el miedo que sienten los jóvenes a la muerte de sus padres, a un mundo sin sus padres, a un mundo desconocido. La mayoría de los jóvenes sienten miedo a perder a sus padres, a vivir sin sus padres, a no saber qué hacer sin mamá y papá, a no saber cómo vivir entonces. O el miedo a la propia muerte que muchas personas desarrollan, es el miedo a un mundo desconocido, a un mundo del que no podemos volver, que no podemos conocer. Ese miedo a qué será de nosotros cuando llegue la muerte, a qué será de nuestro cuerpo, de nuestra alma, de nuestra mente, a qué pasará con todo esto. El miedo que, por ejemplo, sienten los allegados del desaparecido, su familia y amigos. La desesperación, el nerviosismo o la tensión por no saber dónde está, dónde se encuentra o si sigue con vida. Esta tensión por un incremento general de la incertidumbre en el entorno, es una pérdida de información.
Sentimos repulsión, miedo, odio, recelo, desconfianza, tensión o nerviosismo, cuando percibimos que ha aumentado la incertidumbre en el entorno, que ha aparecido algo terriblemente nuevo, extraño, fuera de lugar, desconocido, contradictorio. El miedo a perder el trabajo, a no saber cómo vivir sin ese trabajo, a no saber cómo alimentar a la familia sin nuestro trabajo. Ese miedo a no saber qué hacer sin el trabajo que ahora tenemos es el miedo a la incertidumbre, a lo desconocido. O el miedo que los niños sienten a la oscuridad, es decir, a no poder ver su entorno, a no poder distinguir su entorno. Los niños sienten miedo a la oscuridad porque aumenta la incertidumbre del entorno, es decir, porque perciben con mayor dificultad el entorno, porque reciben menos información del entorno cuando crece la oscuridad.
Hemos visto pues varios ejemplos en los que se advierte que reaccionamos negativamente al entorno cuando perdemos información de este, es decir, cuando crece la incertidumbre que percibimos en el entorno. Esto sucede porque nuestra mente es una estructura disipativa que se mantiene en un equilibrio dinámico mientras actuamos para reducir las incertidumbres que hemos establecido a partir de la percepción, y por tanto, reaccionamos negativamente cuando no conseguimos reducir esas incertidumbres, es decir, cuando perdemos información del entorno. Podemos pues predecir que todos los animales con sistema nervioso van a reaccionar negativamente al entorno cuando perciban que la incertidumbre está aumentando y no logran reducirla, es decir, cuando perciben que han perdido información.
Veamos ahora un experimento que puede ser llevado a cabo con facilidad para demostrar nuestra hipótesis. Si consideramos una partida de póker con varios jugadores, por ejemplo, seis, y examinamos la tensión o el nerviosismo de cualquiera de ellos, veremos que todos reaccionan negativamente cuando otro jugador que anteriormente no jugaba decide jugar (apostar). En este caso las probabilidades de victoria se han redistribuido al aumentar las alternativas (número de jugadores). Cuando aparece un nuevo jugador las probabilidades de victoria se redistribuyen, es decir, aumenta la incertidumbre que perciben los jugadores que ya jugaban. Al contrario, se podrá demostrar que todos los jugadores se sentirán aliviados cuando un jugador deje de jugar, es decir, cuando se reduzcan las alternativas y adquieran información.



Bienestar


[Si H1 es (V)  -->] El sistema nervioso tiene que responder positivamente a un incremento de la información percibida en el entorno. Esto es, el cerebro responde positivamente al entorno cuando obtiene información de él, es decir, cuando decrece la incertidumbre que percibe.

Esto es simple y llanamente lo opuesto a lo anterior. Pues cuando sí que conseguimos resolver total o parcialmente una incertidumbre que habíamos establecido, reaccionamos positivamente. Nuestras sensaciones de alegría se producen cuando hemos obtenido la cantidad de información necesaria para resolver una o varias incertidumbres que habíamos establecido. Sentimos alegría cuando resolvemos un puzle, un enigma, una duda, un dilema, una pregunta, un problema, un acertijo, un juego, una incertidumbre. Nos alegramos cuando, después de un vuelo en avión, hemos llegado sanos y salvos a nuestro destino, nos alegramos pues de que se haya resuelto la incertidumbre que habíamos establecido (caerá el avión?, aterrizará sin problemas?...) Cuando recibimos la información necesaria para resolver las incertidumbres que establecemos nos alegramos y nos tranquilizamos. Al resolver una incertidumbre nos tranquilizamos, volvemos a un estado de equilibrio sensorial y se elimina el efecto del estímulo inicial que nos transmitió la incertidumbre.
[Si H1 es (V)  -->El sistema nervioso tiene que responder más positivamente a un estímulo cuanta más información recibe de este. Es decir, a más información recibida mayor alegría para el individuo.
Hay muchas ocasiones en las que esperamos la respuesta a una incertidumbre que hemos establecido y pese a obtener dicha respuesta no nos quedamos satisfechos. ¿Qué sucede aquí, porqué no nos relajamos pese a obtener certeza? Si,  por ejemplo, esperamos la respuesta a una entrevista de trabajo es que ya hemos establecido una incertidumbre del tipo (¿me darán trabajo los de …?). La respuesta a esta incertidumbre será del tipo S/N, y aunque en ambos casos obtenemos la respuesta a esta incertidumbre es evidente que no reaccionamos igual ante ambas. Aunque ambos mensajes (S/N) contienen un bit de información, cuando recibimos el Sí obtenemos la respuesta a esta primera incertidumbre y también a otras tantas (cómo me comprare el coche?, con qué dinero pagaré el alquiler?, con qué dinero pagaré la pensión a mi ex-mujer?,…) y por tanto, percibimos una cantidad de información mayor a un bit. Por contra, cuando nos dicen que No sólo obtenemos la certeza acerca de la primera incertidumbre (¿me darán trabajo los de …?) mientras que las demás siguen presentes y tal vez se incrementen (cómo me comprare el coche?, con qué dinero pagaré el alquiler?, con qué dinero pagaré la pensión a mi ex-mujer?,…). Con este ejemplo vemos que dos mensajes S/N contienen distintas cantidades de información, pues el Si resuelve más incertidumbres y contiene por tanto más información que el No. Vemos también con claridad que nosotros valoramos más positivamente el mensaje que contiene más información, es decir, el que resuelve más incertidumbres y nos aporta un mayor orden mental (Sí). 



Una búsqueda sin fin


[Si H1 es (V) -->] El sistema nervioso, y por ende, el cuerpo, trabaja constantemente para obtener información y reducir las incertidumbres que vamos percibiendo. Es decir que constantemente estamos actuando a fin de resolver las distintas incertidumbres que vamos estableciendo.
   
¿Qué dices, qué haces, qué comes, qué hora es, quién viene, dónde están los demás,…? Preguntas. Una pregunta es, por definición, un intento de obtener información para resolver una incertidumbre establecida. Durante todo el día nos estamos moviendo para resolver las incertidumbres que hemos establecido con la percepción. Cuando percibimos ya estamos resolviendo la incertidumbre ya estamos buscando información sobre (qué color es? qué es? de qué está hecho?...) y cuando llegamos a establecer una incertidumbre (de quién es?) que no logramos resolver de entrada, actuamos para resolverla, es decir, actuamos para obtener la información necesaria para resolver la incertidumbre (de quién es?).
Cuando, por ejemplo, andamos por la calle y establecemos la incertidumbre (viene algún coche?), giramos la cabeza para ver si vienen coches. Cuando, por ejemplo, oímos un zumbido en el aire establecemos una incertidumbre (qué es ese zumbido?) y rápidamente giramos la cabeza para obtener la información necesaria y resolver la incertidumbre. Al oír la melodía de nuestro móvil establecemos una incertidumbre (quién es? será Manolo?,...). Rápidamente buscamos el móvil e intentamos ver quién nos llama o si es la llamada que estamos esperando. Es decir, reaccionamos a las incertidumbres que establece nuestro sistema nervioso buscando información para resolverlas. Cuando, por ejemplo, estamos en una sala con más gente y oímos la melodía de un teléfono ajeno nos preguntamos (de quién es? de quién será? porqué no lo apaga?...) y buscamos con la mirada quién es el propietario. Etc. Etc.  
Vayamos ahora a otro mundo, vayamos a los orígenes de la filosofía. Aquí encontramos, por ejemplo, a los diálogos de Platón, un constante ir y venir de preguntas y soluciones diversas. El único objetivo de los diálogos de Platón es acertar soluciones para sus contemporáneos, encontrar las respuestas a las preguntas de su tiempo. Descartes era el hombre que sólo podía asegurar que él era algo que dudaba, y por lo tanto alguien lleno de preguntas y deseoso de respuestas, explicaciones. Lo mismo hicieron los Kant, Hume, Schopenhauer, Hegel, Marx, Frege, Russell, Habermas, Rawls,… Pues el objetivo de la philo-sophya [pasión-sabiduría] en cualquiera de sus ramas y en cualquiera de sus épocas, es siempre el de encontrar soluciones, respuestas o explicaciones a las preguntas de su época.
La búsqueda de respuestas, de soluciones, de certidumbres, ¡de la verdad!; la búsqueda de la academia. ¿Cuántos millones de hombres y mujeres se dedicaron a dar respuesta a sus preguntas en relación al arte, a la naturaleza, al hombre, a la moral, a la máquina, a la vida…? Miles de filósofos han dado sus respuestas al mundo, trataron de explicar la experiencia estética, “¿Qué es el arte?”21, “El problema de la culpa”22, “Los problemas de la filosofía”23, “El problema del hombre”24, “El problema de Sócrates”25, “Kant y el problema de la metafísica”26, “el problema de la forma”27, “el enigma del estilo”28
Pero otros miles de personas se dedicaron a encontrar orden en la naturaleza, ¡toda la ciencia se basa en esa idea! La ciencia nace de la necesidad de resolver problemas, la ciencia nace de los problemas o incógnitas que percibimos, la ciencia es un conjunto de  intentos de solución.29 Thomas Kuhn30 en su famoso libro sobre las revoluciones científicas, ya dijo que la “ciencia normal” consiste en “resolver rompecabezas”, es decir, que una teoría, una hipótesis, una tesis o un sistema científicos son intentos de solución, respuestas, explicaciones a ciertos problemas.
“Los sistemas de Ptolomeo y Copérnico intentaban dar cuenta de los movimientos observados, <<aparentes>>, de los cuerpos celestes por medio de supuestos apropiados acerca de la estructura del universo astronómico y los movimientos reales de los objetos celestes. Las teorías corpuscular y ondulatoria de la luz daban cuenta de la naturaleza de ésta en términos de ciertos procesos subyacentes […] Así, la refracción de un rayo de luz que pasa del aire al vidrio se explicaba, en la teoría ondulatoria de Huygens, como resultado del hecho de que las ondas de luz se hacían más lentas en un medio más denso.” 31

Hoy el tiempo ha quedado ordenado. Hemos encontrado la “Historia del Tiempo Geológico” terrestre, desde el eón Fanerozoico hasta el Hadeico, pasando por todas las eras, los períodos y las épocas… Hemos creado el calendario solar y lunar, tuvimos que ordenar el tiempo de cada día. Los años, las estaciones, los meses, o los días son una medida de tiempo, pero también las horas, los minutos y los segundos nos sirven para ordenar el tiempo, para comprender el tiempo. Calendarios, agendas, horarios, relojes y rutinas dejan al tiempo ordenado, han despejado enormemente nuestra percepción de incertidumbre en el tiempo.
La gente lee los periódicos porque nos cuentan cada día dónde, cuándo, cómo, quién y por qué sucedió qué, es decir, los periódicos nos dan respuestas, los compramos para obtener información, respuestas, un descenso de la incertidumbre. Vamos en busca de orden, de respuestas, de soluciones.
La religión no es algo muy distinto, la religión son respuestas, soluciones fáciles, soluciones milenarias. Dios ha sido la respuesta más usada por la humanidad, la solución más recurrente desde el origen de los tiempos. Dice el Génesis, en el capítulo primero:
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”, “después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla”, “E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.”, “Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelven sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve”, “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” 32
Y así queda explicado todo, aquí están las respuestas, la incertidumbre queda resuelta; Dios creó los cielos, los mares, la tierra, las plantas, los peces, las aves, los animales terrestres y finalmente el hombre. La tradición China explica también todos los fenómenos que observamos…
“Cuando murió P’an-Ku, su cabeza <<se convirtió en un pico sagrado, sus ojos pasaron a ser el Sol y la Luna; la grasa, los ríos y los mares; sus cabellos y sus pelos, los árboles y los vegetales>>.” 33
“En tiempos del Emperador (mítico) Yao, <<el mundo todavía no estaba ordenado, las vastas aguas corrían de manera desordenada, inundaban el mundo>>. Contrariamente a lo que había hecho su padre, que construyó diques para dominar las aguas, Yu<<cavó la tierra e hizo fluir (las aguas) hacia los mares, expulsó las serpientes y los dragones y los confinó en las marismas>>” […]“Yu desempeña las funciones de un demiurgo y un héroe civilizador” 34
Las creencias o los mitos, son sencillas explicaciones para preguntas complejas. Cualquier mitología de las culturas del planeta es una gran cantidad de diferentes respuestas a similares preguntas. Como dice Mircea Eliade, el mito “se refiere siempre a una creación, cuenta cómo algo ha llegado a la existencia o cómo un comportamiento, una institución, una manera de trabajar, se han fundado.”35
“Todo mito de origen narra y justifica una situación nueva –nueva en el sentido de que no estaba desde el principio del Mundo–. Los mitos de origen prologan y completan el mito cosmogónico: cuentan cómo el Mundo ha sido modificado, enriquecido o empobrecido.”36

La gran mayoría de nuestras acciones son para obtener la información necesaria para resolver las incertidumbres que establecemos, como lo son las religiones, los mitos, las creencias o la ciencia que dan respuesta a los enigmas que encontramos en nuestra vida, su función es la de dar respuesta, explicar, en definitiva, ordenar nuestra mente, ordenar nuestras percepciones, nuestra memoria, nuestras ideas. Lo mismo sucede pues con los calendarios, las agendas, los horarios o los relojes. Mientras que el resto de nuestras acciones son para reproducir a nuestros genes o para mantener nuestro orden termodinámico con el metabolismo o la replicación celular.
Que el sistema nervioso sea una estructura disipativa de incertidumbre implica que este está constantemente guiando al cuerpo para resolver las incertidumbres que establece. Nuestras acciones, nuestra conducta, están dirigidas hacia resolver las incertidumbres que establece el sistema nervioso. El fin, el telos, el objetivo de nuestras acciones es resolver las incertidumbres que establece nuestro sistema perceptivo.





Conclusión


“Cuando no sabemos la verdad de una cosa, es bueno que haya un error común que fije el espíritu de los hombre, […] porque la enfermedad principal del hombre es la curiosidad inquieta por las cosas que no puede saber, y no le resulta tan perjudicial estar en el error como en esa curiosidad inútil.”
Pascal, “Pensamientos”


[Si H1 es (V) -->] El comportamiento humano no es otra cosa que consumir orden en diferentes formas, y a la vez, disipar entropía en sus distintas formas.

El ser humano es una estructura disipativa de entropía. Una estructura, un sistema, un cuerpo que consume energía útil (ATP) e información, y que disipa entropía e incertidumbre. Dado que el sistema nervioso es una estructura disipativa de incertidumbre, todas nuestras acciones son o bien para resolver las incertidumbres establecidas por este o bien para mantener el orden termodinámico de nuestro cuerpo. Vivir consiste en trabajar para mantenerse ordenado. Vivir es consumir energía útil para salvar el orden termodinámico, e información para mantener el equilibrio del sistema nervioso.
En conclusión: podemos decir que se puede, desde una perspectiva física, comprender la conducta de los seres humanos y predecirla. Siendo pues los seres humanos estructuras físicas que se comportan como estructuras disipativas de entropía. Comprender que el sistema nervioso es una estructura disipativa de entropía de la información, es fundamental para entender nuestra conducta. La vida del ser humano no es otra cosa que la vida de una estructura disipativa de entropía informacional (el sistema nervioso) y la vida de una estructura disipativa de entropía termodinámica (el sistema metabólico). Nuestra vida es la unión de estas dos formas de vida, de estas dos naturalezas, de la vida del alma y de la vida del cuerpo.

                               Febrero de 2012, Sabadell.
Elià Barrull Prat.




Referencias Bibliográficas

1. Margulis y Sagan, 1996, pág. 23
2. Dyson, F.J. (1999). “Los orígenes de la vida”. (Trad. Ana Grandal). Madrid: Cambridge University Press.
3. Margulis y Sagan, 1996, pág. 41
4. Schrödinger, 1984, pág. 105
5. Ibíd., pág. 105
6. Philip Nelson, 2005, pág. 559
7. Margulis y Sagan, 1996, pág. 26 
8. Schrödinger, 1984, pág. 102
9. Margulis y Sagan, 1996, pág. 22
10. Ibíd., pp. 22-23
11. Ibíd., pág. 67
12. Norwich, 1993, pág. 18
13. Gombrich, 1982, pág. 262
14. Norwich, 1993, pág. 19
15. Ibíd., pág. 13
16. Ibíd., pág. 13
17. Ibíd., pág. 15
18. Nietzsche, 1979, pág. 38
19. Russell, 2010, pág. 70
20. Tolstoi, N. (1982). “¿Qué es el arte?”. Barcelona: Ediciones Mascarón.
21. Jaspers, K. (2011). “El problema de la culpa”. Madrid: Espasa Libros.
22. Russell, B. (1983). “Los problemas de la filosofía”. Barcelona: Editorial Labor.
23. Gevaert, J. (1976). “El problema del hombre. Introducción a la antropología filosófica”. Salamanca: Ediciones Sígueme.
24. Strauss, L. (2006). “El problema de Sòcrates”. Enciclopedia Catalana, SAU.
25. Heidegger, M. (1954). “Kant y el problema de la metafísica” México: Fondo de cultura económica.
26. Gombrich, 1982, pág. 28
27. Ibíd., pág. 19
28. Popper, K. (1995). “La responsabilidad de vivir”. (Trad. Concha Roldán). Ediciones Paidós Ibérica, S.A.,
29. Kuhn, 2006, pág. 105
30. Hempel, 1976, pág. 108
31. Génesis, Capítulo 1.
32. Eliade, 1979, pág. 28
33. Ibíd., pág. 29
34. Eliade, 1983, pág. 25
35. Ibíd., pág. 28




Bibliografía

- Dostoievsky, F. (1969). “El jugador”. (Trad. José Laín Entralgo). Navarra: Salvat Editores y Alianza Editorial.
- Eliade, M. (1979). “Historia de las creencias y de las ideas religiosas II”, (Trad. J. Valiente Malla). Madrid: Ediciones Cristiandad; (1983). “Mito y Realidad”. (5ª ed.) (Trad. Luis Gil). Barcelona: Editorial Labor.
- Elwood Shannon, C. (1949). “A Mathematical Theory of Communication”. Urbana, Illinois: University of Illinois. (Republished in paperback 1963)
- Gevaert, J. (1976). “El problema del hombre. Introducción a la antropología filosófica”. Salamanca: Ediciones Sígueme.
- G. Hempel, C. (1976). “Filosofia de la Ciencia Natural”. (2ª ed.) (Trad. Alfredo Deaño). Madrid: Alianza Universidad.
- Heidegger, M. (1954). “Kant y el problema de la metafísica”. (Trad. Gred Ibscher Roth).  México: Fondo de
- H. Gombrich, E. (1982). “Arte e ilusión”. (2ª ed.) (Trad. Gabriel Ferrater). Barcelona: Editorial Gustavo Gili
- H. Norwich, K. (1993). “Information, sensation and perception”. California: Academic Press, Inc.
- JaspersK. (2010). “El problema de la culpa”. (2ª Impresión) (Trad. Román Gutiérrez Cuartango). Madrid: Espasa Libros.
- J. Dyson, F. (1999). “Los orígenes de la vida”. (Trad. Ana Grandal). Madrid: Cambridge University Press.
- Kuhn, T. (2006). “La estructura de las revoluciones científicas”. (3ª ed.) (Trad. Carlos Solís). México: Fondo de Cultura Económica.
- Margulis, L y Dorion, S. (1996). “¿Qué es la vida?”. (Trad. Ambrosio Garcia Leal). Barcelona: Tusquets Editores.
- Nelson, P. et.al. (2005). “Física Biológica. Energía, Información, vida.”. (Trad. Dr. David Jou Mirabent). Barcelona: Editorial Reverté.
- Nietzsche, F. (1976). “Así hablaba Zaratrustra”. (Trad. Juan Fernandez). Buenos Aires: Ediciones Siglo XX
- P. Cardinali, D. (1992). “Manual de Neurofisiología”. Madrid: Ediciones Díaz de Santos.
- Russell, B. (1983). “Los problemas de la filosofía”. (8ª ed.) (Trad. Agustín Arrieta). Barcelona: Editorial Labor;  (2010). “Por qué no soy cristiano”. (Trad. Josefina Martínez Alinani). España: Diario público.
- R. Popper, K. (1995). “La responsabilidad de vivir”. (Trad. Concha Roldán). Buenos Aires: Ediciones Paidós Ibérica.
- Schrödinger, E. (1984). “Què és la vida?”. (Trad. Núria Roig). Barcelona: Edicions 62.
- Strauss, L. (2006). “El problema de Sòcrates”. Barcelona: Enciclopedia Catalana, SAU.
- Tolstoi, L. (1982). “¿Qué es el arte?”. (Trad. Carlos Velilla). Barcelona: Ediciones Mascarón.
Cultura Económica.



sábado, 14 de mayo de 2011

Nuestra naturaleza

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El comportamiento humano no es azaroso, y tampoco yace en el terreno del libre albedrío; nuestra conducta sigue ciertas regularidades, patrones de comportamiento que nos indican la manca total de libertad bajo la que vivimos. Un hermoso ejemplo lo publicó Russell cuando dice que “el apóstol del libre albedrío mantiene que un hombre puede siempre evitar el emborracharse, pero no mantiene que, cuando está borracho, hable con la misma claridad que cuando está sereno.”[1] Como este hay muchos otros, las pruebas de nuestra manca de libertad son cada día más evidentes a la luz de los hallazgos científicos. En los inicios de la física clásica ya encontramos pruebas de nuestra condición, Newton formuló el principio de inercia que deberíamos aplicarnos a nosotros mismos, es decir, un cuerpo material no se mueve aceleradamente si no recibe una fuerza del exterior. Esto, demostradísimo para los cuerpos inertes, queda puesto en duda ante los movimientos de los seres vivos y muy especialmente de los animales, a los que todavía no se ha llegado a comprender. Pero ahora, si ya se han comprendido mis inclinaciones podríamos preguntarnos qué causa o qué tipo de fuerza genera nuestros movimientos…


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Para entender qué causa nuestros actos, nuestro placer o nuestro displacer antes debemos tratar a los seres vivos en general, comprender qué significa estar vivo y como determina esto nuestra existencia. La gente suele asociar estas ideas con los genes y con las ideas evolutivas acerca de la vida y la especie humana, pero yo no quiero hablar aquí de estos temas sino hablar propiamente de “¿Qué es la vida?”[2]
De entrada podemos advertir una posición darviniana desde la que se comprende la lucha por la supervivencia en la que se ven envueltos todos los seres vivos sin excepción, como la característica principal de los seres vivos. Erwin Schrödinger expuso clara y llanamente qué es la vida desde la perspectiva del físico, es decir, desde la descripción de los hechos. Sabemos que todos los seres vivos conocidos metabolizan constantemente los compuestos químicos para los que están diseñados evolutivamente y además todos ellos tienen la capacidad o la posibilidad de reproducirse. Entendemos aquí el concepto de reproducción en un sentido más amplio de lo habitual, es decir, entendemos que se reproduce aquél que engendra a un hijo, pero también se reproduce aquél que sufre una herida y su propio cuerpo la regenera mediante la reproducción celular.


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μεταβολισμός – Schrödinger describe a la perfección el proceso del metabolismo como el proceso mediante el que un cuerpo o sistema extrañamente ordenado, es decir, muy alejado del equilibrio termodinámico, consigue mantener dicho orden a lo largo del tiempo y “contradecir”, por así decirlo, el segundo principio de la termodinámica para el que el desorden de todo sistema aumenta con el tiempo. Los seres vivos tienden irremediablemente al equilibrio o muerte térmica, pero consiguen evitar dicha fatalidad con la expulsión de entropía y la absorción o adquisición de orden termodinámico o entropía negativa procedente del entorno. “Un organismo vivo produce entropía positiva y por esto tiende a aproximarse al peligroso estado de la máxima entropía: la muerte. Solo puede mantenerse alejado, es decir, vivo, extrayendo continuamente entropía negativa de su medio.”[3]
El proceso de replicación celular está muy relacionado con el metabolismo, incluso podríamos tratarlo como un proceso de biosíntesis, sin más. El metabolismo y la replicación son dos procesos inseparables; ningún ser vivo metaboliza nada sin la ayuda del ARN y demás formas de la información génica. Ambos procesos tienen un mismo fin, mantener al organismo con vida, es decir, mantenerlo alejado de la muerte térmica. Este proceso descrito por Schrödinger es nombrado por él mismo como el de “producir orden a partir del orden”, es decir, mantenerse ordenado o mantener el orden de un sistema. Vemos que para el proceso reproductivo, en ambas definiciones, se produce a nivel de la descripción física un mismo hecho; se genera desorden que es liberado al entorno y se consigue orden con un proceso de síntesis o biosíntesis. Así como el proceso metabólico, la reproducción consiste en sintetizar ciertas moléculas para obtener el orden deseado, evitar el peligro, huir de la muerte y encontrar el orden que llamamos vida.


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Hoy sabemos que el movimiento, o mejor dicho, el crecimiento de una planta o de un hongo dependen directamente de la información que almacenan sus genes, los que le indican hacia dónde debe crecer según sean las condiciones ambientales del entorno en el que se encuentra el organismo. Aquí me encuentro con una dificultad que debo expresar; el crecimiento o comportamiento de la planta depende tanto de sus genes como de su entorno, esto es, depende de todo, está determinado por todo. Pese a esta dificultad, sabemos que la evolución de las especies – por selección natural[4], deriva génica[5] y endosimbiosis[6] – produjo lo que hoy conocemos como sistema nervioso. A diferencia de las demás criaturas, los organismos con sistema nervioso almacenan información dentro de su cuerpo en dos formas químicamente distintas; en las cadenas de DNA y en las conexiones neuronales o sinapsis. Aun así, con estas criaturas sucede lo mismo que con las plantas; su conducta está determinada por la información que almacenan y por la información del medio; ¿pero, es que hay algo más?


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Los actos, las acciones, ¡estos sí que han sido un prolífico invento! Ahora os voy a desvelar un pequeño secreto… hoy sabemos que el movimiento, conducta, comportamiento, acto o reacción de un animal, no es más que el efecto visual generado por una señal electromagnética que corre desde la célula sensorial, saltando de neurona en neurona, hasta la célula muscular o ganglionar. En otros términos; el acto es una reacción sin más. El acto es la reacción a la señal que llega al músculo; que es la reacción a la percepción de un estímulo y este tendrá sus causas y será un efecto. Al fin y al cabo podemos decir que el acto es la reacción a la percepción sensorial, es decir, nuestras re-acciones dependen de nuestras percepciones. 


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Si es que nuestros “actos” son en realidad reacciones al entorno, o mejor dicho, a la percepción del entorno, entonces podemos preguntarnos; ¿de qué depende el hecho de que yo reaccione ante un estímulo determinado? ¿Qué debe suceder para que un estímulo me perturbe?... Para que un estímulo nos genere movimiento, este debe producir en nuestro sistema nervioso una señal con una intensidad suficientemente grande como para superar a los potenciales de acción y llegar al músculo o glándula. Tras los estudios de Norwich[7], sabemos que la intensidad de todas las señales electromagnéticas que corren por cualquier sistema nervioso son proporcionales a la incertidumbre, o entropía de Shannon[8], que percibe la célula sensorial generadora de la señal. Esto es; la percepción de un determinado estímulo es relativa a la incertidumbre percibida, dicho de otro modo, la percepción de un determinado estímulo depende de la información almacenada en el sistema nervioso acerca de este estímulo. Esta relación la establece Norwich con la fórmula[9]: de modo que la intensidad es mayor cuanta más incertidumbre se percibe, hasta el punto que no puede percibirse algo que es enteramente conocido. Ahora si volvemos a la incertidumbre antes formulada podemos decir que; para que un estímulo nos genere movimiento, debe suceder que nuestra percepción del estímulo otorgue un cierto nivel de incertidumbre a dicho estímulo. Sólo cuando se percibe una incertidumbre suficientemente grande se produce una señal electromagnética que llega a la célula muscular o ganglionar y produce el efecto visual conocido popularmente con el nombre de acto o acción. ¡No existen las acciones, sólo hay reacciones!”


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Este descubrimiento nos lleva a una pequeña reflexión acerca del concepto de incertidumbre y su relación “natural” con nuestra existencia como seres vivos; ¿qué es la incertidumbre o entropía para los seres vivos?, ¿qué significa para la evolución, para la vida? La incertidumbre es peligro, significa peligro. En los escritos de Schrödinger se identifica al equilibrio termodinámico con la muerte térmica o muerte a secas. De modo que si uno piensa en el preludio de la muerte encuentra al peligro, y si lo mismo se hace con el equilibrio, uno encuentra a la entropía; el peligro lleva a la muerte como la entropía al equilibrio. Por otro lado encontramos los estudios de Norwich, de los que se deduce que un animal sólo se mueve cuando percibe cierta cantidad de incertidumbre. Si asocian estas dos ideas uno puede entender que un animal no se mueve hasta que percibe cierta cantidad de peligro; un hecho que no sería descabellado…      




16

Así es que yo he encontrado el telos, el fin último de toda acción humana, de toda reacción animal. Un argumento clásico de los biólogos ingleses es el de atribuir a la supervivencia el fin último de toda reacción; no creo que anden errados, pero sí pienso que aun se puede profundizar. Por lo dicho anteriormente ya se habrá entendido que el fin último de toda acción es el de eliminar o reducir la incertidumbre percibida, dicho de otro modo, aumentar la información acerca del estímulo o incertidumbre percibida, desprenderse de la incertidumbre almacenada, conservarse ordenado, es mantenerse vivo.
Este es el fin universal de todas las criaturas y este mismo toma su forma particular en cada una de ellas, en cada instante, en forma de cada uno de los movimientos particulares de las criaturas… He leído muchas veces a autores que se preguntan si sería posible que, por ejemplo, el amor y el miedo tuvieran una misma causa, es decir, que cosas totalmente opuestas o contradictorias tuvieran una misma causa, el mismo origen. Esto es cierto, siempre hay este impulso vital, toda acción encuentra su causa en la percepción de una incertidumbre particular que quiere solucionarse. ¡Esto puede encontrarse en cualquier acción humana o en cualquier reacción  animal! Fíjense en la belleza de estas ideas que acogen los estudios de Shrödinger y Norwich, los que concluyen de forma idéntica diciendo que el sistema metabólico y el sistema nervioso son, desde la perspectiva física, exactamente lo mismo, es decir, un sistema contenedor de información que procura mantenerse ordenado y deshacerse de todas las incertidumbres o entropías percibidas. No hay más y no puede haber tampoco una prueba mejor de la realidad de este fin que encontrarlo en todos los procesos que realizan los organismos vivos.


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Ahora bien, esto no siempre acaba igual, la historia no siempre acaba como deseamos. Cuando un animal actúa puede producir, para sí, dos efectos completamente distintos, y entonces, según sea el efecto experimentar emociones totalmente opuestas[10].
¡Nadie escoge qué emoción experimentar con la muerte de un progenitor! No podemos disfrutar con algo que nos produce sufrimiento, ¡esto depende directamente de nuestra percepción! Los efectos positivos son aquellos en los que se percibe, a posteriori, una variación negativa de entropía en el entorno, o lo que es lo mismo, un diferencial positivo de información. Es en el momento en el que conseguimos evitar el peligro, desprendernos de la incertidumbre o eliminarla, cuando experimentamos emociones positivas, nos sentimos bien; hemos conseguido nuestro fin en mayor o menor medida. Esta medida o componente cuantitativo de la emoción es directamente proporcional al diferencial de información o entropía percibida. Por contra, cuando producimos el efecto contrario, experimentamos las emociones opuestas. Cuando nuestras acciones no consiguen eliminar o reducir la incertidumbre percibida por los sentidos, entonces experimentamos emociones negativas y nos vemos forzados a actuar de nuevo para reducir la incertidumbre que seguimos percibiendo.  


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Aunque ante este tema se han dicho grandes barbaridades, ya desde hace tiempo supuse que nuestras preocupaciones, todos nuestros pensamientos e ideas tienen su origen en la experiencia, es decir, en la percepción. El concepto de idea es usado aquí como la unidad elemental de la información cerebral, del pensamiento. Algunos han usado otros términos[11], pero qué mejor concepto que el de idea, ¡este ya existe, ya se usa! Nuestros pensamientos se organizan en ideas; ideas, ideas complejas y conjuntos de ideas (memeplex[12]). Ahora puedo advertir que todos los pensamientos que puede elucubrar una persona, todas las ideas, ideas complejas y memeplex son; o bien incógnitas percibidas o soluciones acerca de las incertidumbres percibidas. Con esto quiero decir que todo lo que uno puede pensar, y por tanto decir, está siempre relacionado con las incertidumbres particulares que uno ha percibido a lo largo de su vida, es decir, depende de la experiencia sensitiva. Esto debe ser así mientras sea correcta la apreciación de Norwich. Pienso en el peligro que he percibido, ¡no puedo pensar en otra cosa! Y esto vale para mí, vale para el loco de la esquina y vale para el mono, todos somos lógicos y racionales, seguimos nuestra lógica particular totalmente determinada y nunca, bajo ningún concepto, somos irracionales; ¿eso qué es, eso existe?


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El hecho es que yo pienso, y esto hasta lo tenía claro Descartes, pero también hablo, leo y escribo, es decir, mis pensamientos se transmiten y han sido transmitidos a mi cerebro. Aquí aparece el lenguaje, uno de los mejores mecanismos de transmisión de ideas que hemos conocido, sino el mejor. Nuestra especie se caracteriza por su desarrollo del cerebro y de las funciones cerebrales, pero muy especialmente por el lenguaje. El hecho es que algunas ideas de las que almacena un cerebro son transmitidas con variaciones a otros cerebros, por medio del lenguaje u otros sistemas de reproducción de ideas. Como bien advirtió Richard Dawkins, este es un proceso de reproducción  de información, análogo al que se produce con el sistema de información genética. ¿Pero qué información se reproduce? ¿Porqué esta sí y aquella no?
Sabemos que toda la información que se almacena es información acerca de las incertidumbres percibidas, así que siempre se debe difundir información de ellas; pero aquí podemos hacer una distinción y hablar de las soluciones (incertidumbres resueltas) y las incógnitas (incertidumbres no resueltas).
Siempre expresamos una de estas dos cosas. Prácticamente en todos los “actos de habla” se produce la segunda situación, es decir, aquella en la que el emisor quiere desprenderse de una incertidumbre que almacena y lo daña, de una incógnita que no consigue resolver, y pretende encontrar alguna ayuda en el receptor. Así entendemos las preguntas, las explicaciones acerca de la experiencia, y la gran mayoría de los “actos de habla”. La otra posibilidad se produce cuando el emisor de la solución ha percibido una incertidumbre, generada por quién recibirá la solución, de tal suerte que el emisor entiende que no conseguirá resolver la incertidumbre que ha generado el receptor hasta que le sea transmitida la solución.


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¡Hay que ver, menudo lío! Yo entiendo que la cultura es un conjunto, más o menos grande, de información neuronal transmitida o reproducida por otros sistemas nerviosos. Siendo esta la definición de cultura que vamos a usar, diré que la cultura, por ser información reproducible es información que evoluciona. Dicho de otro modo, el lenguaje es el mecanismo de replicación de ideas y la cultura es el conjunto de ideas que se han transmitido por la vía del lenguaje.
En las distintas regiones del globo terráqueo donde habitan comunidades humanas, encontramos culturas diversas, en confrontación de unas con otras. Y aunque cada individuo de una misma comunidad tiene una cultura distinta, aunque las ideas siempre se reproducen con variaciones, podemos hablar de una cultura compartida por todos los individuos de la comunidad.  Y este resulta ser el hecho más determinante para la cohesión social de cualquier comunidad de individuos, un elemento conocido como la identidad.


[1] Bertrand Russell, “Por qué no soy cristiano”
[2] Erwin Schrödinger, “¿Qué es la vida?”
[3] Erwin Schrödinger, “¿Qué es la vida?”
[4] Charles Darwin, “El origen de las especies”
[5] Freeman J. Dyson, “Los orígenes de la vida”
[6] Lynn Margulis, “El origen de la célula”
[7] Kenneth H. Norwich, “Information, Sensation and Perception”
[8] Claude Elwood Shannon, “A Mathematical Theory of Comunication.”
[9] F = k·log(H)
[10] V.J. Wukmir, “Emoción y sufrimiento” 1967
[11] Richard Dawkins, “El gen egoísta”
[12] Richard Dawkins, “El espejismo de Dios”